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Historia Crítica

versión impresa ISSN 0121-1617

hist.crit.  n.39 supl.1 Bogotá nov. 2009

 

POTREROS, GANANCIAS Y PODER. UNA HISTORIA AMBIENTAL DE LA GANADERÍA EN COLOMBIA, 1850-1950*

Shawn Van Ausdal
Historiador y PhD en Geografía de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos. Profesor Asistente del Departamento de Historia, Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia. Actualmente tramita en Colciencias su ingreso al grupo de investigación Historia, Ambiente y Política. Sus temas de investigación incluyen el desarrollo del campo en América Latina, la ecología política y la historia de la comida. Algunas de sus publicaciones recientes son: "When beef was king. Or why do Colombians eat so little pork?", Revista de Estudios Sociales 29 (2008): 86-103; "Ni calamidad ni panacea: una reflexión en torno a la historiografía de la ganadería colombiana" y "Un mosaico cambiante: notas sobre una geografía histórica de la ganadería en Colombia, 1850-1950", en El Poder de la Carne, ed. Alberto Flórez (Bogotá: Universidad Javeriana, 2008), 28-46 y 48-117. sk.van20@uniandes.edu.co.


RESUMEN

Este artículo examina la expansión de la ganadería entre 1850 y 1950 en los bosques de tierra caliente en Colombia. También explora el papel de la introducción de pastos africanos en el desarrollo de potreros, con énfasis en el mejoramiento de la productividad. Finalmente, el artículo sugiere que prestar mayor atención a los costos y a la mano de obra en la formación de potreros podría llevar a reexaminar algunos estereotipos comunes con respecto a la ganadería (por ejemplo, que el ganado era principalmente un medio para controlar el territorio). Esto, a su vez, debe ayudarnos a entender mejor la naturaleza del poder de los terratenientes y las dinámicas del cambio agrario en Colombia.

PALABRAS CLAVE
Ganadería, deforestación, pastos africanos, élites terratenientes, peonaje, Colombia, siglo XIX, siglo XX.


PASTURE, PROFT, AND POWER. AN ENVIRONMENTAL HISTORY OF CATTLE RANCHING IN COLOMBIA, 1850-1950

ABSTRACT

This article examines the expansion of cattle ranching into lowland forests of Colombia between 1850 and 1950. It also explores the role of introduced African grasses in the process of pasture development, with particular emphasis on productivity gains. And it suggests that paying greater attention to the costs and labor of pasture formation can push us to reexamine a number of common stereotypes about ranching (for example, that cattle were primarily a means to control territory). This, in turn, should help us better understand the nature of landed power and the dynamics of agrarian change in Colombia.

KEY WORDS
Cattle Ranching, Deforestation, African Pasture Grasses, Landed Elites, Debt Peonage, Colombia, Nineteenth Century, Twentieth century.


Introducción

En 1913, Marco A. Salazar proclamó exasperado que estaba "dispuesto a hacer cualquier sacrificio" para disolver su sociedad con Pedro Nel Ospina1 Salazar y Ospina habían trabajado juntos por varios años en adquirir tierras, desarrollar potreros y criar ganado en el norte de Antioquia y el sur de Bolívar, aún cubiertas de bosques en su mayor parte. Apenas el año anterior habían legalizado su sociedad, con la intención de que durara 10 años2 Pero con los banqueros encima suyo y sus fincas generando pérdidas, las relaciones entre los dos se habían vuelto cada vez más tensas. Salazar explicaba que "el gran ensanche que le hemos dado a las haciendas de Cáceres [...] necesariamente exige más tiempo del que preví"3 "Cada año se gasta una fortuna y los intereses nos matan"4 Salazar dio instrucciones a los administradores de sus fincas de economizar cuando fuera posible.

Desde la Hacienda Tarazá, Juan Villa escribió de vuelta: "[P]ara poder darle montaje a estas [haciendas] es preciso hacerle fuerte a los gastos para quitar la ventaja a la maleza y poder más tarde llevarlas con toda economía"5 Salazar respondió: "Yo he procurado demostrar [a Ospina] lo imposible de [recortar costos bruscamente], pues sería renunciar a la coronación de tanto trabajo acometido y resignarnos a perder la enorme suma de dinero y de energías que esos trabajos nuevos representan, que solo nosotros podemos apreciarlo debidamente"6 A Ospina le advirtió: "[...] más tarde no me vaya a echar la culpa de no haber sostenido la organización y defensa de los negocios hoy establecidos y cuyos sacrificios están ya hechos [...]. Recuerde Ud. cuánta era nuestra lucha en los primeros años del negocio"7 La raíz de sus problemas era el costo y esfuerzo de convertir los bosques en potreros.

Las dificultades a las que se enfrentaban Salazar y Ospina reflejan tres aspectos significativos de la ganadería en Colombia. Primero, estos empresarios gastaron una buena cantidad de energía y dinero en tumbar bosques y sembrar pastos en lugar de criar ganado per se. No fueron los únicos: la expansión de la ganadería en Colombia desde mediados del siglo XIX ha sido en gran medida la historia de la transformación de los bosques del país en "un verde lago colosal" de pasto8 Aunque la conexión entre el ganado y la deforestación en América Latina es bien conocida, para muchos empezó, principalmente, en la década de 1950. Lo que quiero hacer aquí es destacar su historia más larga, por lo menos en Colombia. En segundo lugar, la introducción de pastos africanos no eliminó la empresa de convertir los bosques en potreros, como algunos asumen. Y en tercer lugar, el gasto involucrado en el desarrollo de fincas ganaderas en las tierras cálidas colombianas señala la necesidad de reexaminar algunos estereotipos comunes: que la lógica de la ganadería no era la producción de carne, que el ganado era principalmente un medio para controlar el territorio y que las "ganancias" de la ganadería provenían de fuentes extra-económicas. En otras palabras, necesitamos repensar la suposición que sostiene la "paradoja de la ganadería latinoamericana": que dado que "la ganadería como una actividad económica productiva es tenue", su lógica debe encontrarse en otra parte9 Al descartar el aspecto productivo de la ganadería, muchos estudiosos han promovido una explicación limitada de por qué la ganadería ha dominado el campo colombiano. Y a su vez han tendido a simplificar las relaciones sociales rurales y las dinámicas del cambio agrario. Prestar una mayor atención a la ganadería como tal, particularmente al costo y trabajo de desarrollar potreros a partir de bosques, debe impulsarnos a reconsiderar algunas de estas perspectivas arraigadas.


1. Huellas en el bosque

En 1976, Parsons advirtió que "partes considerables de América Central y de Panamá han sufrido un cambio dramático de aspecto en los últimos años, como resultado del desmonte acelerado de bosque y de la forma como en esa área se han expandido los pastos sembrados (repasto). A veces parece que el istmo está en camino de convertirse en un enorme rancho ganadero"10 Entre 1950 y 1983 el área total de tierra dedicada al pastoreo en América Central se triplicó, en gran medida a expensas del bosque primario11 Sin embargo, el auge ganadero no se limitó a América Central.

Desde 1961, América Latina ha tenido la población vacuna de más rápido crecimiento en el mundo, y sus bosques han sufrido las consecuencias12 Aunque la expansión de la ganadería hacia la selva desde la década de 1950 ha atraído gran atención (y con razón), también ha resultado en un cierto grado de miopía histórica.

Para muchos, la incursión de la ganadería en los bosques tropicales es sobre todo un fenómeno reciente. Houghton, Lefkowitz y Skole, por ejemplo, asumen "que [en América Latina desde 1850] la ganadería se ha dado generalmente en praderas naturales, y que la deforestación para abrir tierra de pastoreo adicional no ha contribuido de manera significativa al aumento de potreros sino hasta hace poco"13 Igualmente, en la descripción general que hace Tucker de la degradación de los trópicos fomentada por los Estados Unidos, "la tumba de selvas para la ganadería sólo comenzó en la década de 1950"14 Hasta mediados del siglo XX "las complejidades bióticas de los ecosistemas selváticos fueron una barrera efectiva en contra de la ganadería comercial"15 Los ganaderos necesitaron una "infusión de ciencia intercontinental" -en la forma de pastos apropiados, protección contra las enfermedades (tanto humanas como animales)- así como capital y una demanda internacional robusta antes de que pudieran convertir estos bosques en potreros16.

No hay duda de que la década de 1950 fue un momento clave para la ganadería latinoamericana. Pero desde entonces su expansión dramática ha opacado el hecho de que la conversión de bosques de tierra caliente en potreros hace en realidad parte de una historia más larga. Para Tucker las consecuencias ambientales de la ganadería antes de 1950 estaban limitadas a la degradación de sabanas, cambios en la vegetación, erosión y desertificación; la deforestación no era un problema17 Entonces, supone que la difusión de pastos africanos en Colombia antes de 1950 ocurrió a expensas de las sabanas naturales, cuando en realidad éstos reemplazaron bosques más que todo. De la misma manera, Shane asume que la ganadería colombiana estuvo restringida a tierra fría hasta mediados del siglo XX18 Sin embargo, para ese entonces más de la mitad del hato nacional pastaba en potreros de tierra caliente, muchos de los cuales habían sido producto de la tala de bosques.

Varios investigadores han prestado atención a las consecuencias ambientales de la ganadería en América Latina antes de la década de 195019 El interrogante ambiental principal ha sido en qué medida las poblaciones de ganado degradaron las sabanas o zonas de pastoreo naturales. Ha habido algún interés por la presión de los ganaderos hacia el bosque antes de 195020 Sin embargo, en general es un tema que ha recibido poca atención.

Aunque es posible que la conexión entre la ganadería y la deforestación antes de 1950 no fuese tan prominente fuera de Colombia, hay indicios provenientes de diferentes lugares en América Latina de que esta relación no era una anomalía tampoco. En Brasil, Dean encontró que algunos ganaderos tumbaron bosque primario para formar potreros en vez de ocupar tierras de labranza con la expansión de la frontera agraria21 Parsons encontró evidencia de que la proliferación del pasto guinea en Guatemala y el sur de México desde mediados del siglo XIX conllevó al establecimiento de áreas extensas de nuevos potreros22 Tucker incluso cita a un viajero de mediados del siglo XIX para sugerir que "extensas áreas de potreros fueron rozados gradualmente en las tierras onduladas alrededor del Lago Nicaragua y el Lago Managua"23 Edelman y Hall señalan la conversión de bosques en potreros en Costa Rica desde la década de 187024 Otros investigadores proporcionan evidencia de una relación histórica entre el ganado y los bosques mexicanos a través de largos ciclos de agricultura de tumba y quema, tanto como el avance contra estos bosques desde finales del siglo XIX con la introducción de nuevos pastos, razas de ganado y el alambre de púas25 Estos indicios, y el caso colombiano al cual me dirijo ahora, sugieren que la relación entre la ganadería y la deforestación antes de 1950 fue quizás más significativa de lo que se supone con frecuencia.


2. La conquista de la tierra caliente en colombia

El éxito biológico del ganado europeo al principio del periodo colonial ha creado en algunas ocasiones la falsa impresión de que "el ganado pululaba a lo largo del continente, llenando y alterando todos los nichos ecológicos disponibles"26 Aunque el ganado sí se adaptó a una amplia variedad de ambientes, éste no se multiplicó con la misma fecundidad en todos lados. Para mediados del siglo XIX había probablemente sólo un poco más de 1,5 millones de cabezas de ganado en Colombia, o un 25% menos que la población humana27 El ganado vacuno poblaba una gran variedad de medios, desde los páramos hasta la árida península de la Guajira. Sin embargo, en general los hatos de ganado estaban más bien circunscritos geográficamente: cuatro centros de producción -el altiplano cundiboyacense, el valle del alto Magdalena, el valle del alto río Cauca, y porciones del interior de la costa Caribe- contenían aproximadamente dos terceras partes del hato nacional28.

Lo que estos cuatro centros tenían en común eran áreas de pasto relativamente grandes. En los valles altos de los ríos Magdalena y Cauca, factores climáticos y edáficos resultaron en sabanas naturales que alternaban con áreas de bosque seco tropical. En el interior de las planicies de la costa Caribe, las condiciones del suelo, una historia previa de tumba de bosques por parte de los indígenas, e inundaciones anuales crearon una serie de sabanas temporales y semitemporales que conformaron la cuna de la ganadería vacuna en esta región. Sin embargo, la mayoría de estas tierras estaban cubiertas de bosque seco tropical que se volvía cada vez más húmedo, denso y alto hacia el occidente y el sur a medida que el promedio anual de precipitación aumenta y la severidad de la sequía del verano desciende. El único centro de ganadería que no estaba basado en sabanas naturales era el altiplano cundiboyacense. En esta región de valles planos de aluvión y tierras onduladas, la población indígena -la más grande del país al momento de la conquista- había tumbado gran parte de la cubierta boscosa nativa para la agricultura. Luego, los españoles convirtieron una buena parte de esta tierra en praderas29.

Sin embargo, cerca de 1850 esta geografía heredada comenzó a cambiar: la industria ganadera entró en un periodo de crecimiento más rápido, gran parte del cual ocurrió a expensas de los bosques de tierra caliente. El impulso inicial detrás de esta expansión fue el auge del tabaco a mediados de siglo. En 1846 el gobierno colombiano abolió el monopolio del tabaco que había heredado de la corona española. En el contexto de un alza en los precios internacionales, las exportaciones de tabaco crecieron de forma significativa. A pesar de los argumentos de que la bonanza resultante era semejante a la "fiebre del oro" californiana, dichas percepciones enfatizan la manera en que el tabaco impulsó una economía moribunda y abrió el camino para la revolución liberal de medio siglo30 Tras años de estancamiento, la demanda de tierra, trabajo y bienes aumentó de forma dramática. En el valle del alto río Magdalena y en el departamento de Cundinamarca, a comienzos de la década de 1850, el precio de la carne de res se duplicó y el de los cueros se triplicó; los jornales crecieron entre un 200% y 300%, y el precio de la tierra se disparó hasta en un 2.000%31 No obstante, Colombia tuvo un éxito relativo en la explotación de los mercados globales. El auge del tabaco llegó a su pico en 1857 y luego fracasó a mediados de la década de 1870. Otros productos -índigo, algodón, quina- le siguieron con patrones similares de auge y caída32 Pero en conjunto tuvieron dos consecuencias importantes. Primero, convencieron a las élites de que el futuro del país se encontraba en la exportación de productos tropicales, haciéndolos volverse hacia las tierras cálidas y eventualmente al café33 Segundo, estimularon la expansión de la ganadería, a lo que Ospina Vásquez se refrió como "el acontecimiento económico más importante ocurrido en el país [hasta que] se estabilizó la producción del café" a finales del siglo XIX34.

Para dar una idea de la expansión de la ganadería hacia el bosque, voy a emplear tres ejemplos de diferentes regiones colombianas. En Antioquia, como en gran parte del país, el área de colonización efectiva a lo largo del periodo colonial fue muy restringida. En 1808 José Manuel Restrepo pensaba que menos del 15% de la provincia estaba poblada, mientras el resto estaba cubierto por "bosques antiguos, árboles corpulentos [...] y espesas matas"35 Éste también estimó que sólo había unas 18.000 cabezas de ganado en la provincia entera. Un par de décadas antes los oficiales coloniales habían promovido la cría de cabras dada la falta de forraje para el ganado36 Esta situación empezó a cambiar en la década de 1840. Con fortunas creadas a partir del negocio de importar mercancías a través de Jamaica, un grupo de comerciantes de Medellín adquirió propiedades extensas en la "selva agreste y bravía" a lo largo del río Cauca (en el suroeste antioqueño) y comenzó a atraer campesinos sin tierras de las montañas altamente pobladas, ofreciéndoles tierras a cambio de tumbar monte y sembrar potreros, a menudo con los recién introducidos pastos africanos37 La rentabilidad de estas haciendas, en las que engordaban ganado traído del valle del Cauca, animó a otros comerciantes a invertir en la región. Donde en 1851 sólo había cinco haciendas ganaderas, dieciséis años después había 67. La transformación de esta región selvática en un "mar de verdura" de potreros ayudó a suscitar el crecimiento dramático de la población vacuna: para 1875 se decía que había 360.000 cabezas de ganado en el departamento38 Para ese entonces, los ganaderos comenzaron a dirigir su esfuerzo también hacia otras regiones de tierra caliente. Salazar y Ospina son representantes de una oleada que se movió hacia los bosques húmedos del norte de Antioquia en busca de acceso al ganado costeño como una nueva fuente de abastecimiento. Otros ocuparon y talaron tierras en el valle del río Nus, siguiendo una nueva línea de ferrocarril hacia el río Magdalena y aprovechando los hatos costeños por una ruta diferente. Para finales de la década de 1920, la mitad del ganado consumido en Antioquia pacía en poteros formados a partir de la tumba de estas selvas del Oriente39.

Medardo Rivas describió un proceso similar en Cundinamarca. Éste recordaba que, para comienzos de la década de 1840, el paisaje que iba desde los márgenes de la sabana de Bogotá hacia las pendientes estancadas económicamente, descendiendo hacia el río Magdalena, estaba cubierto aún de bosque tropical en su mayoría. Rivas documentó los esfuerzos "heroicos" de empresarios de su generación, quienes dieron la espalda a las comodidades de la capital para aventurarse hacia esta zona escasamente poblada y sacarla, al igual que al resto del país, de la depresión económica: "Vamos a contar quiénes fueron los titanes que abatieron las selvas primitivas que cubrían esas regiones hasta hace pocos años; los que llevaron allí el cultivo, la riqueza y la civilización [...]"40 La labor principal, dijo, era "tumbar monte para convertir el terreno en dehesas o siembras de tabaco"41 En parte, Rivas escribió a partir de su propia experiencia. También él buscó su fortuna en la ganadería y dejó la siguiente descripción de cómo mandó a tumbar selvas para sembrar un potrero de nuevos pastos africanos para pastoreo al lado del río Magdalena:

    "Para convertir [mi propiedad] en una sola pradera envié a Manizales por trabajadores; y [...] se me presentaron doscientos antioqueños con sus mujeres, niños y perros [...]. Llevaron su campamento al sitio más fresco de la propiedad; establecieron se por cuadrillas, bajo la dirección de capitanes, con quienes hice contrato para la rocería por cuadras a $25 cada una; y armados de calabozos o cuchillos de monte, empezaron la tala; y devoraban la montaña como por encanto. Los gigantescos cumulaos, los guayacanes y hobos se doblaban a su paso [...] A los tres meses el bosque íntegro había desaparecido; a los seis meses se recogían mil cargas de maíz; al año estaba formado el potrero de Lurá para cebar quinientas reses [...]. Los antioqueños, habiendo cumplido conmigo sus compromisos [...] se fueron [...] para Lérida, contratados por otros hacendados"42.

Cuando Rivas escribió nuevamente sus observaciones de esta región al final del siglo, sintió un orgullo obvio pero también algo de remordimiento: "Los que trabajamos en tierra caliente, talando el bosque y quemándolo, trabajamos como bárbaros, pues destruimos una inmensa riqueza de maderas que hoy hacen falta [...]. Además, se quitó la belleza y suntuosidad a estas regiones tropicales en otro tiempo tan hermosas, y hoy convertidas en inmensos pastales de triste y melancólico aspecto"43.

También, a mediados del siglo XIX los bosques aún cubrían gran parte de la escasamente poblada costa Caribe. Mollien describió la región así: "El panorama en estas regiones es magnífico para los amantes de la naturaleza desordenada y del aspecto salvaje. Todo el terreno está cubierto de árboles de grande altura y de una vegetación lujuriante [...]. Poco es lo que la mano del hombre ha cultivado en estas vastas extensiones"44 Strifer, el aventurero francés que llegó al valle del Sinú en la década de 1840, recordaba cómo Montería -hoy una capital ganadera- marcó los límites de la coloni-zación45.

Las "selvas frondosas" se extendían hacia el sur y el occidente, y cubrían las tierras cálidas entre los ríos Sinú y San Jorge, e incluso áreas sustanciales de las sabanas de Bolívar46 Alrededor de 1850 los ganaderos empezaron a "invadir la inmensa selva del sur", más allá del río San Jorge y subiendo por el valle del Sinú47 Aquí también, la introducción de pastos africanos fue instrumental: "Los primeros ensayos de pastos artificiales para la estación de las lluvias fueron tan provechosos, que todos los crianderos se apresuraron a adoptar la reforma. Entonces se desmontaron las selvas vírgenes de las ciénagas, y [...] sembrar [on] la paja48 Para inicios de la década de 1940 se estimaba que había cuatro millones de hectáreas de pastos "artificiales" o cultivados en el departamento de Bolívar49 Aunque esta figura es sin duda alta, Gordon confirma la medida en la que gran parte de esta área, antes cubierta de bosque, había sido convertida en potreros para mediados de siglo. Él observaba cómo quienes habían sido llamados montañeros en la época de Strifer, se habían convertido en sabaneros50.

Para 1960 la población vacuna de Colombia había aumentado a más de 10 millones de cabezas. Las reses y los potreros se habían multiplicado por todos lados, pero el área de mayor crecimiento eran las tierras cálidas en otra época selváticas, sobre todo en la costa Caribe y en la Gran Antioquia51 Mientras que el hato del altiplano cundiboyacense había crecido menos de tres veces durante el siglo anterior, el de Antioquia se había multiplicado por quince. Para mediados del siglo XX, las llanuras de la costa Caribe y Antioquia contenían más de la mitad del ganado del país. En contraste, el componente del hato nacional de los centros ganaderos más antiguos (fuera de la costa) había caído en más de un 50%. Lo que estos cambios representan es el desplazamiento de la base del forraje de sabanas "naturales" a potreros ganados, en la mayoría de los casos, a los bosques de tierra caliente. En 1960 el área total de tierras de pastoreo (fuera de los Llanos) era de cerca de 10 millones de hectáreas. Es difícil estimar cuánto bosque había sido talado para establecerlas, dado que no existen estimativos del área total de pastos "naturales" para mediados del siglo XIX. Sin embargo, la Gran Antioquia, que tuvo recursos forrajeros limitados a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, ahora tenía 1,7 millones de hectáreas de pasto. A partir de 1960 el ritmo de la conversión de bosques en potreros ha aumentado. Durante los últimos cincuenta años el volumen de tierra cubierta de pasto en Colombia probablemente se ha duplicado, con un impulso significativo hacia nuevas áreas de selva húmeda: el Amazonas, el piedemonte llanero y el Pacífico. Sin embargo, la mayor parte de la expansión ha ocurrido en el centro tradicional del país y se ha mantenido la presión sobre los bosques que tomó fuerza hace un siglo y medio52.


3. La invasión africana

Los investigadores que han prestado alguna atención a la historia de la ganadería en Colombia invariablemente registran una "revolución" técnica que tuvo sus inicios cerca de 185053 La introducción del alambre de púas, razas europeas y una administración mejorada sin duda contribuyeron a la expansión, incluso si su difusión fue más lenta y más dispareja de lo que algunas veces se supone. Sin embargo, la más significativa de estas nuevas tecnologías fue la introducción de un par de pastos africanos cerca de 1840: pará (Brachiaria mutica) y guinea (Panicum maximum)54 Una característica de estos pastos que los investigadores han enfatizado es su habilidad para suprimir la regeneración de zonas de bosque taladas recientemente. A esta cualidad, que puede ser de gran ayuda en el desarrollo de nuevos potreros, se le atribuye su difusión relativamente amplia y rápida. También fue la supuesta clave que permitió a las élites terratenientes expandir su dominio sobre gran parte de las tierras cálidas del país a través del ganado55 Independientemente de lo acertado que sea este atributo ecológico, esta explicación enfatiza solamente un aspecto del problema más complejo de la difusión de los pastos artificiales, y resta importancia al obstáculo que representó el bosque para el uso del ganado como forma de control territorial.

El significado ecológico de los pastos pará y guinea para la expansión de la ganadería proviene principalmente de Rivas, quien hablaba entusiasmado sobre su capacidad para vencer la maleza y prevenir la regeneración del bosque:

    "¡Verdadero milagro el del pasto Guinea! Antes se rozaba el monte, se quemaba la roza y se sembraba el maíz; y [...] al cogerlo ya el monte le disputaba el campo al cultivador, y la tierra quedaba como antes. Ahora se riega la semilla misteriosa al mismo tiempo que se siembra el maíz, y cuando la mazorca está en sazón ya una verde pradera esmalta el suelo"56.

Al formar en poco tiempo una cubierta densa sobre el suelo, los pastos pará y guinea aparentemente ayudaban en la conversión de boques en potreros al sofocar el crecimiento secundario.

La observación de Rivas coincide con los atributos ecológicos que los científicos han observado en el pará, el guinea y otros pastos africanos introducidos en la América tropical. Una de las características de estos pastos es su tendencia a crecer más rápido y a producir una biomasa mayor a la de muchos pastos nativos. Esto lo logran al destinar la mayor parte de su energía al crecimiento, circular con más eficiencia los nutrientes del suelo, utilizar el agua de manera más oportunista y hacer fotosíntesis con más rapidez. El pará, un pasto alto estolonífero adaptado a suelos de mal drenaje, produce la mayoría de su biomasa en el tallo y los estolones, lo que le permite formar rápidamente una cubierta densa como un tapete. El guinea crece rápidamente en manojos densos de hasta dos o tres metros de altura en suelos de aluvión con buen drenaje; también responde mejor que otros pastos nativos a la fertilización, como aquella que puede proporcionarle un área de bosque recientemente rozado y quemado. Estas características sugieren que los pastos pará y guinea podrían formar una cubierta cerrada con mayor rapidez que las especies nativas, y restringir eficientemente las malezas y el crecimiento de bosque secundario. Además, los pastos africanos introducidos son generalmente más resistentes al pastoreo y al pisoteo -producto de su desarrollo coevolutivo junto a grandes herbívoros, ausentes en la América tropical desde el Pleistoceno-, lo que les ayuda a mantener su densa cubierta del suelo57.

Estos pastos probablemente sí hicieron más fácil y económico desarrollar potreros. Rivas anotaba que antes de la introducción de los pastos pará y guinea los ganaderos tenían dificultades para mantener sus potreros libres de maleza. Es probable, entonces, que estos pastos fueran mejores que los pastos nativos en términos de retener el bosque, reduciendo el costo de limpiar malezas58 También permitían convertir bosques en potrero más rápidamente. Aunque la velocidad no parezca una ventaja crucial dado el lento trascurrir de la vida en la Colombia del siglo XIX, el alto costo de capital podía crear una presión importante59 Para cuando Rivas compró tierra en las orillas del río Magdalena, los precios habían aumentado notablemente. Aislado en las tierras cálidas inhóspitas, arriesgando capital y salud, una buena parte del "milagro" puede haber sido el no haber tenido que esperar años para empezar a criar ganado.

Sin embargo, se ha tendido a asumir que estos atributos eliminaron gran parte del costo de formar potreros, por lo cual el uso del ganado aparece como forma de control territorial. Kalmanovitz, por ejemplo, argumenta que "[l]a conquista terrateniente de las tierras bajas [...] sería posible hacerla con base en la ganadería por la introducción de los pastos guinea y pará, que [...] fueron un medio efectivo para detener el crecimiento de las malezas tropicales y asegurar el poblamiento extensivo con un ganado casi salvaje en amplias regiones del país"60 En unos pocos casos, las frecuentemente mencionadas cualidades invasivas de estos pastos pueden haber facilitado el establecimiento cuasi-natural de pastos "artifciales"61 Para el caso de Costa Rica, Edelman sugiere que "dadas las cualidades agresivas e invasoras de los pastos africanos, los potreros artificiales podían ser introducidos con simplemente regar semillas en los matorrales"62 En la mayoría del territorio colombiano, sin embargo, estos pastos no se dispersaron con tanta facilidad. El bosque aún debía eliminarse, los pastos debían sembrarse y la maleza debía removerse. Como veremos en la siguiente sección, incluso si estos pastos africanos disminuían el costo de establecer potreros, el proceso no era necesariamente económico. De hecho, dado su costo, con frecuencia se usaban potreros artificiales para el engorde, que era la etapa de la producción que mejor soportaba un mayor gasto; al contrario, la larga etapa de levante, entre el destete y el engorde, tendía a ser conducida en los más económicos pastos nativos63.

Además, los pastos africanos no tenían éxito en todas partes. De hecho, no siempre vencían a los pastos nativos64 Mientras los ganaderos en el suroccidente antioqueño y en el valle del alto río Magdalena sembraban pasto pará en las riberas de los ríos y pasto guinea en las tierras fértiles y de mejor drenaje, gran parte del resto de la tierra que rozaban acababa cubierta por pastos nativos65 La conversión de los bosques de tierra caliente en potreros no "sería posible" gracias a la introducción del pará y el guinea. El fuego, la agricultura y el desmalezar eran herramientas que habían sido utilizadas durante mucho tiempo para establecer potreros en áreas boscosas66 Y, dado su costo y las áreas considerables que acabaron cubiertas de pastos nativos, el dominio de las élites terratenientes sobre las tierras bajas colombianas no puede ser atribuido únicamente a la facilidad con la que pudieron desarrollar potreros a través de importaciones africanas.

Gran parte del impulso detrás de la rápida difusión de estos pastos africanos tuvo que ver con el mejoramiento de la productividad que hicieron posible.

En 1873, por ejemplo, el gobernador de la provincia de Sincelejo, en las sabanas de Bolívar, comentaba que los pastos artificiales "ofrecen la ventaja de mejorar la clase de ganados i aumentar sus productos"67 Los pastos guinea y pará eran más nutritivos, más apetecibles, tenían más resistencia al pastoreo y el pisoteo, y producían una cubierta más densa y mayor biomasa que la mayoría de los pastos nativos. Como resultado, los potreros artificiales tenían una mayor capacidad de carga que los cubiertos de pastos "naturales". Al ser usados para la cría, los pastos africanos ayudaban a mejorar las tasas de nacimiento y de mortalidad de los terneros, y ayudaban a producir animales más grandes en menor tiempo. Por ejemplo, el cambio de pastos nativos a africanos en el engorde aumentó los pesos al momento de sacrificar entre un 20% y un 25%, con un aumento de peso en menor tiempo. Los pastos pará y guinea también eran atractivos gracias al hecho de que alteraban la geografía del engorde y hacían más fácil la entrada de nuevos ganaderos a esta etapa lucrativa de la industria. En otras palabras, había mucho más detrás de la difusión de estos pastos que una manera barata de establecer el dominio territorial68.


4. La lógica de la ganadería, replanteada

"Son las otras cosas que hace el ganado además de producir carne lo que le da un encanto especial"69.

El predominio histórico de la ganadería a lo largo del campo colombiano es visto frecuentemente como el resultado de factores que tienen poco que ver con la cría y venta de ganado. Esta idea no es excepcional para el caso colombiano. Dado que los investigadores han asumido que el aspecto productivo de la ganadería es "tenue", han tratado de explicar su ubiquidad y persistencia en gran parte de América Latina enfocándose en lógicas alternativas70.

Una explicación resalta el valor en términos de prestigio de la gana-dería71 Otra subraya la idea de que el "propósito de poseer ganado [...] era [...] como reserva de capital [en lugar de la] posibilidad de vender un animal para carne"72 Una tercera enfatiza la "función tradicional de la ganadería como medio para adquirir grandes áreas [de tierra]"73 "Por cuatro siglos", dice Tucker, "el ganado fue un componente crucial del poblamiento [...] especialmente en fronteras selváticas [...] estableciendo los derechos de propiedad de los terratenientes"74 Varios investigadores colombianos argumentan que el control territorial era la "función principal" de la ganadería75 Además, para muchos, el uso de "la industria ganadera [como] un mecanismo efectivo para monopolizar los recursos agrarios" ha garantizado el poder político de las élites terratenientes76 Uno de los argumentos clásicos en la historiografía colombiana es que, en un país con una gran frontera agraria, "el monopolio de la tierra disponible era la única manera de tener sujeta a la mano de obra"77 Así, "los ganados desplazaban a los hombres y los grandes propietarios acumulaban poder político y territorial"78 Además, al dominar al campesinado, las élites terratenientes se aseguraban de que el estado siguiera siendo su "apéndice"79.

A su vez, esta relación tierra-ganado-poder, "en lugar de las ganancias de la producción de carne", ha permitido a los ganaderos beneficiarse económicamente80 Muchos consideran que las utilidades de la ganadería se derivan de fuentes extraeconómicas en lugar de derivarse de la habilidad de competir por recursos en mercados normales. Por ejemplo, el monopolio de la tierra ha permitido a los ganaderos exprimir a un campesinado desespe-rado81 Su poder e influencia política les ha permitido acumular a costa del despojo de otros: "[L]a historia de la hacienda costeña ha sido un proceso de acumulación de riqueza representado en ganados y tierras sembradas con pastos, cuya fuente original de producción ha sido el trabajo del campesino despojado de su tierra"82 La influencia que los ganaderos han tenido sobre el estado también les ha permitido capturar "enormes subsidios estatales"83 La especulación, en lugar de la producción, ha sido considerada la fuente principal de benefcio84 Y los ganaderos se han beneficiado de un "fuerte subsidio de la naturaleza"85 En algunos casos, este subsidio ha venido en forma de productos valiosos extraídos de los bosques tropicales tales como madera o ceniza fertilizante. Otros han señalado que las ganancias de la ganadería se derivan más de la habilidad del pasto de explotar la energía del sol, y de la habilidad del ganado de crecer y multiplicarse por su cuenta, que de la inversión de capital y de la organización de la producción86 Esta idea es representativa de la insistencia sobre la facilidad de la ganadería: que los pastos nativos "sobrevivían con poco cuidado"87 y que el ganado criollo "efectivamente se maneja sólo"88.

Sin embargo, estas lógicas alternativas no explican por sí solas la expansión de la ganadería a los bosques colombianos entre 1850 y 1950. No es que estas razones no productivas estén mal o sean irrelevantes, sino que frecuentemente no dan cuenta del costo y del esfuerzo de convertir bosques en potreros. En lo que queda de este artículo, me concentraré en el trabajo que requiere la formación de potreros y en algunas de sus implicaciones, especialmente en términos del costo de utilizar ganado para ocupar territorio. A lo que mi argumento apunta en últimas es a la necesidad de prestar más atención a la lógica productiva de la ganadería para poder entender su dominio espacial en Colombia y en gran parte de América Latina.

Aunque es ampliamente reconocido en la historiografía colombiana que la expansión de la ganadería desde mediados del siglo XIX dependía de la tala de bosques de tierras cálidas, los investigadores han prestado poca atención al proceso de formación de potreros. Para algunos, la existencia del bosque es inmaterial. McGreevey, por ejemplo, sugiere que quienes querían ser ganaderos sólo necesitaban "la oportunidad de obtener posesión sobre la tierra" para poder levantar ganado89 No parece tomar en cuenta el hecho de que esta tierra tuviera que ser limpiada para sembrar pastos antes de que pudiera ser aprovisionada de ganado. Para otros, los costos de formar potreros eran en gran medida irrelevantes, dado que esto lo hacían primordialmente los campesinos desposeídos, sin tierra, o "esclavizados"90 Incluso aquellos que reconocen los esfuerzos colonizadores directos de los ganaderos, sostienen que la selva rara vez representa un obstáculo para la ganadería como una "estrategia de ocupación territorial"91 El carácter supresor de bosques de los nuevos pastos africanos, afirman, minimizaba el trabajo y el costo de la formación de potreros. Así, permitía a las élites terratenientes conquistar fácilmente las zonas de tierra caliente a través de la ganadería extensiva92 Más aún, una vez los pastos eran sembrados, los hatos "se reproduce[n] espontáneamente"93 La expansión de la ganadería en la frontera agraria, entonces, "no violó la inmaculada tradición improductiva de la ganadería"94.

Sin embargo, el bosque sí era importante. Como sugerí al comienzo de este ensayo, el desarrollo de potreros a partir de los bosques de tierra caliente implicaba un esfuerzo, gastos y riesgo; no era una empresa que se tomara a la ligera. Trabajadores, administradores y propietarios se enfermaron. La mano de obra no era siempre fácil de obtener o conservar95 En parte, había que tumbar los bosques y sembrar el pasto al mismo tiempo que los campesinos tenían que preparar sus propios campos. Por esta razón, el hijo de Ospina se quejaba de que la gente venía en busca de trabajo justo cuando había menos por hacer96 Además, tratar de mantener el trabajo dentro de lo planeado era frecuentemente un ejercicio frustrante97 Y sin importar qué tanto trataran de evitar dar avances, Salazar admitía que "por allá hay la costumbre de los anticipos por trabajo y no podemos pretender salirnos de tal costumbre, porque nos quedaríamos sin gente"98 Por último, desarrollar potreros a partir de bosques no era barato. En las tierras cálidas del norte de Antioquia, se necesitaban cerca de 20 días de trabajo para rozar una hectárea de bosque a comienzos de la década de 1920. Luego la tierra debía ser sembrada de pasto, a lo cual seguían dos "costosas" rondas de deshierbe99 Se necesitaban cerca de dos años y medio antes de que el potrero estuviera completamente formado, y entonces, como señalaba Ospina, "Dios nos ayudará a encontrar el ganado después" para aprovisionarla100.

Salazar y Ospina esperaban reducir rápidamente sus gastos tras los duros costos iniciales de la formación de potreros. Desafortunadamente para ellos, los problemas llegaban continuamente. Las enfermedades acababan con secciones de pasto periódicamente101 Varias hierbas, incluyendo pastos nativos, demostraban ser mucho más difíciles de erradicar de lo que pensaban102 El costo y esfuerzo necesarios para mantener los potreros y evitar que se llenaran de maleza también parecen haber sido mayores de lo que anticiparon:

"[N]o se ve cómo haremos para ganar siquiera lo que gastamos", escribió Salazar1103 Una vez sembrado el pasto, el deshierbe era el mayor gasto: en 1928, dos tercios del trabajo en la Hacienda Cuba estaba dedicado a la limpieza de los potreros104 Gran parte de la tensión entre Salazar y Ospina, dada la escasez de fondos, era sobre si sería mejor mantener los potreros o dejarlos enmalezar para recuperarlos luego. En varias de sus haciendas Ospina dejó de tratar de formar potreros dado que los costos de deshierbar eran mayores que lo que los potreros producían105 De la misma manera, en el suroccidente antioqueño, Tomás Uribe Toro luchaba contra la tendencia de las malezas a invadir sus potreros de guinea antes de darse por vencido y mudarse al Valle del Cauca, donde los pastos nativos no demandaban tanto esfuerzo y gasto. Su hijo, Julián Uribe, recordaba cómo, tras mudarse, "cesó en absoluto el capítulo más oneroso de los gastos generales: el de la limpieza de los potreros. En Puima con un fósforo se quemaban extensas lomas de pastos nativos y casi tenía yerba fresca para los animales tan pronto que caía la primera lluvia"106 Pero la baja productividad de los pastos nativos y el aislamiento de la hacienda lo convencieron de reanudar su esfuerzo en otra parte. En otras palabras, el bosque era mucho más que un obstáculo en el esfuerzo por expandir los potreros y los hatos no se reproducían espontáneamente.

Había por supuesto otras formas en que los ganaderos adquirían tierra de pastoreo en la frontera agrícola, además de pagar trabajadores para tumbar bosques y sembrar pastos. La consolidación de áreas limpiadas por campesinos a través de compras y toda suerte de "trucos, presiones, exacciones, engaños y muertes" era definitivamente signifcativa107 También lo eran los intercambios de "tierra-por-pasto", en los que un ganadero daba al campesino acceso a un lote de tierra boscosa a cambio de que la devolviera, después de algunos años, convertida en potrero108.

Sin embargo, el trabajo asalariado parece haber sido más significativo en el proceso de formación de potreros de lo que comúnmente se reconoce. Es difícil determinar qué tan difundido estaba, pero la queja de Salazar en 1915 sobre el incremento en los jornales en Bolívar dada la alta demanda de trabajadores en las fincas ganaderas en proceso de expansión sugiere que era importante109 En el valle del Sinú los propietarios de la Hacienda Marta Magdalena emplearon anualmente varios cientos de trabajadores para convertir unas 10.000 hectáreas de bosque en potreros entre 1915 y 1950110 Aunque Ospina y Salazar compraron algo de tierra a campesinos colonos, estas áreas limpias eran pequeñas en comparación con lo que le pagaron a sus trabajadores para desarrollarlas111 Strifer sugirió que los ganaderos utilizaron el trabajo asalariado desde los inicios de su empresa hacia los bosques de la costa Caribe a mediados del siglo XIX112 Incluso la ley de matrícula de 1892, que pasó en Bolívar para hacer cumplir los contratos laborales, subraya su importancia. Por lo tanto, los trabajos que Ospina y Salazar pasaron no deberían ser tomados como excepcionales.

¿Qué ventajas explicativas tiene el dar mayor atención al trabajo y al gasto que implicaba la formación de potreros al reexaminar la supuesta función territorial del ganado y el carácter no productivo de la ganadería? Primero, aunque el ganado puede usarse para controlar territorio, a menudo el hacerlo requiere mucho más que simplemente ponerlo a pastar. Con frecuencia esta función tiene un carácter inmaterial implícito según el cual los terratenientes simplemente aprovisionan sus tierras de ganado para dar solidez a su derecho de propiedad. Williams, por ejemplo, argumenta que el ganado proporcionó a los grandes terratenientes "una manera conveniente de dar validez a los derechos que reclamaban sobre áreas periféricas [de sus propiedades que eran] difíciles de patrullar" porque "las barreras físicas de la ganadería eran temporales: las selvas se tumbaban y los caminos se construían"113 Lo que quiero enfatizar es que el uso del ganado para establecer y mantener derechos de propiedad de la tierra en áreas selváticas requería considerable esfuerzo y gasto.

En Colombia el ganado tampoco era la única forma de reclamar propiedad sobre la tierra. Una manera efectiva era obtener títulos. En Bolívar, el departamento ganadero más importante de Colombia en la primera mitad del siglo XX, cerca de la mitad de la tierra en la que se desarrollaron potreros tuvo origen en propiedades con títulos del periodo colonial. En la frontera era posible adquirir títulos sobre tierras públicas redimiendo bonos territoriales y sin que se requiriera explotación previa, de tal manera que no era necesario pasar por el trabajo de ocupar la tierra con ganado primero. A comienzos de la década de 1920 se vendían bonos por el equivalente de 25 ó 35 centavos por hectárea114 En contraste, en Bolívar el costo de desarrollar un potrero a partir de bosques era de cerca de 20 pesos por hectárea115 De manera similar, en 1922, la compañía de Pedro Nel Ospina estimó sus gastos de operación mensuales (deshierbe, reparación de cercas, manejo de animales y sal), en potreros ya formados y con 4.000 cabezas de ganado adulto, en 30 centavos por cabeza116 En otras palabras, era mucho más barato adquirir tierras públicas con bonos territoriales que desarrollar potreros y criar ganado. La razón por la que muchos ganaderos pedían títulos sobre tierras públicas como colonos era probablemente porque pensaban desarrollar los potreros de cualquier manera.

Además, el simple hecho de ocupar las tierras públicas con ganado no aseguraba los derechos de propiedad. Gran parte del conflicto de la colonización de la frontera en Colombia ocurrió entre los colonos, quienes talaban bosques para sembrar cultivos y crear potreros, y los "empresarios terratenientes", quienes aparecían luego con un título (supuestamente) otorgado por el estado para forzar a los colonos originales a pagarles arriendo o a venderles sus mejoras e irse117 Aunque la mayoría de los colonos eran campesinos, un buen número eran ganaderos. Cuando Pedro Nel Ospina aplicó para un título sobre una gran área de tierra cerca de Ayapel (Bolívar) en la década de 1920, varios de esos ganaderos, que tenían ganado en potreros sin títulos que ellos habían desarrollado en tierras públicas, se encontraron en la propiedad de otro y bajo presión de irse118.

Mi argumento es que utilizar ganado para adquirir tierras implicaba un cierto compromiso con la ganadería. Si uno quería tierras para especulación, poder político o estatus, era mucho más fácil y más barato comprar tierras sin desarrollar (directamente o por medio de bonos territoriales) que reclamarlas a través del desarrollo de potreros para aprovisionarlos de ganado. La especulación era ciertamente una fuerza detrás de la colonización de tierras públicas. Pero los especuladores que usaban el ganado para reclamar tierras debían permanecer necesariamente en el negocio de la ganadería hasta que sus esfuerzos dieran resultado: de otra manera, la inversión inicial y los costos constantes de mantenimiento podían erosionar la posibilidad de una ganancia en el futuro. Sin duda, ha habido casos en América Latina en que las excesivas rentas institucionales y los altos precios de la tierra podían hacer del desarrollo de potreros una manera eficiente de adquirir tierras119 Pero antes de la década de 1950 éste no era el caso en Colombia.

Para entender mejor por qué el ganado ha dominado el campo colombiano necesitamos prestar más atención a la lógica productiva de la ganadería. Aunque muchos ganaderos no tenían una mentalidad enteramente capitalista, su meta final era el beneficio económico. Los ganaderos también obtenían otros beneficios en el camino, y pocos ganaderos habrían dudado en utilizar su poder para mejorar la productividad de sus fincas. De hecho, gran parte de la coerción y de la usurpación de tierras puede entenderse como una manera de transferir los altos costos que implicaba el desarrollo de tierras al campesinado. No quiero sugerir, por lo tanto, que las diversas lógicas alternativas no jugaron un papel. Claramente el desarrollo de propiedades ganaderas puede servir a una variedad de funciones. Pero hay una tendencia fuerte a saltar directo a la lógica política, cultural o extra-económica de la ganadería, y por lo tanto a restar importancia a su potencial productivo. En el caso colombiano, por lo menos, estas explicaciones alternativas apoyan pero no suplantan la lógica económica que hay debajo.

La manera más obvia de sostener mi argumento es demostrar que la ganadería sí era rentable. Desafortunadamente, hay muy pocos datos sobre la rentabilidad de las actividades ganaderas en Colombia, especialmente antes de 1950. Generalizar a partir de unos pocos casos también es problemático. Las tasas de rentabilidad variaban bastante en el tiempo y en el espacio, y según el tipo de operación y la calidad de la administración. Y, como otros han señalado, con frecuencia los ganaderos no incluían en sus cálculos de rentabilidad todos los costos comúnmente aceptados de la contabilidad, tales como su propio trabajo o las tierras heredadas120 Sin embargo, la ganadería se consideraba por lo general "muy rentable," "muy lucrativa," "extremadamente rentable," "económicamente favorable", "una de las más brillantes oportunidades", una "ganancia segura", una inversión "excelente"121 Por ejemplo, en la década de 1920, un ganadero de Bolívar calculó tasas anuales de rentabilidad de 15% mientras otro estimó que variaban entre 10% y 30%122 De hecho, en la década de 1920 el astuto observador social Alejandro López señalaba que la rentabilidad de la ganadería conllevaba a problemas sociales y económicos mayores:

    "La selva antioqueña iba cayendo para dar lugar al cultivo extensivo y por demás costoso de los pastos para el ganado de cría, y esa economía cerrada, a la vez que daba buenas ganancias a los ganaderos, dificultaba la formación de la granja y del pejugal, que es el único medio de trabajar intensivamente la tierra y de sostener una mayor cantidad de población...sin la cual el problema de las comunicaciones se dificulta [...] [y] es casi imposible el nacimiento de nuevas industrias que vengan en apoyo de la agrícola, por el aprovechamiento económico de los subproductos"123.

En términos de tasas de rentabilidad reales, el negocio no era tan favorable. Salazar y Ospina, por ejemplo, ganaban menos del 4% de sus haciendas en el norte de Antioquia en 1914, y perdieron dinero en la recesión económica de comienzos de la década de 1920. Sin embargo, en los buenos años lograron producir rendimientos de más del 25%124 Entre 1924 y 1950 la tasa de rentabilidad anual de la Hacienda Marta Magdalena, en el valle del Sinú, promediaba cerca de 13% sin incluir los años de la Depresión de 1929-1933, cuando perdió casi 9% anual125 A comienzos de la década de 1940, el vicecónsul estadounidense en Cartagena recolectó datos de la producción de nueve fincas diferentes cerca del río San Jorge en el valle del Sinú, como parte de una investigación sobre el potencial exportador de la región. Cerca del San Jorge, las ganancias promediaban 16.5% en 1942, momento en el cual los precios reales del ganado iban en aumento. En contraste, en el valle del Sinú, donde los precios de la tierra habían aumentado de forma considerable, la tasa de rentabilidad promedio era de sólo 6.4%126 Oakley concluyó que "la baja rentabilidad se debe simplemente al uso de tierras muy costosas para potreros, a la falta de selección, y a una técnica de [administración] defectuosa"127 Sin embargo, "[s]e podría decir [...] que la mayoría de fincas son rentables [...] porque están situadas en tierras pobres o en regiones sin explotar donde los precios de la tierra son bajos"128.

Incluso con su potencial rentabilidad baja y los requerimientos que acarreaba el desarrollo de potreros, la ganadería ofrecía numerosas ventajas129 El ganado era más resistente que la mayoría de cultivos agrícolas a los caprichos del clima y a las plagas periódicas de langostas y otras pestes130 La coordinación del tiempo no era tan crucial en su "cosecha" y, dada la pobre infraestructura del país, era significativo el hecho de que el ganado podía caminar al mercado. La ganadería también disfrutaba de algunas economías de escala mientras que la agricultura, hasta mediados del siglo XX, tenía pocas. El ganado era también más fácil de manejar a distancia y evitaba la invariable competencia con la producción campesina que ocurría en la mayoría de los cultivos y reducía a la mayoría de las élites terratenientes, al menos antes de 1950, a un rango de actividades rurales bastante restringido: café, bananos, caña de azúcar, ganadería y al arriendo de tierras o la aparcería131 El miedo a la caída de precios por sobreproducción, bastante frecuente en un país con un mercado doméstico pequeño y altos costos de transporte, también desanimaba a las élites frente a la idea de embarcarse en labores agrícolas132 Mientras que los precios del ganado tendían a fluctuar con las condiciones económicas generales, la biología de la reproducción atenuaba la oscilación violenta de los precios que caracterizaba la producción de caña de azúcar, por ejemplo. A pesar de los altos costos iniciales del desarrollo de potreros, éstos podían amortizarse a lo largo de varios años, mientras que el trabajo agrícola de cultivos anuales era una actividad costosa y de trabajo intensivo133 Aunque las demandas laborales de la formación y mantenimiento de potreros eran más significativas de lo que comúnmente se cree, éstas seguían siendo menores que aquellas de la mayoría de empresas agrícolas. En las regiones con escasez de mano de obra la ganadería era usualmente una de las pocas opciones viables de usufructuar la tierra, especialmente donde un estado débil no podía (o no estaba dispuesto a) forzar más agresivamente el reclutamiento de la mano de obra. Además, a excepción del pescado cerca a los ríos de tierra caliente, la carne de res tampoco tenía ninguna competencia fuerte en los mercados colombianos, hacia los cuales se orientaba la mayoría de la producción134 El desarrollo de potreros, en lugar de su compra, también permitía a los ganaderos expandir sus operaciones lentamente dentro de una propiedad contigua y beneficiarse de su valorización incrementada. En un país con limitadas y conservadoras salidas productivas para el capital, el ganado se destacaba como una de las opciones más promisorias.

Permítanme ser claro: no quiero invertir el análisis y reducir la tierra únicamente a su función económica o productiva. El poder terrateniente, la coerción y los beneficios extra-económicos son parte de la historia de la ganadería en Colombia. Pero el énfasis puesto en ellos, a expensas de la lógica productiva, ha dado como resultado una imagen distorsionada de la ganadería y una tendencia a sobre-simplificar la naturaleza del poder de los terratenientes. Tomemos, por ejemplo, la ley de matrícula mencionada arriba. Para muchos, esta ley -que regulaba los contratos laborales- demostraba el poder de los ganaderos de Bolívar para imponer un sistema de endeude sobre el campesinado local. Algunos incluso la han considerado la continuación de la esclavitud, abolida 40 años antes, en un nuevo disfraz135 La ley amenazaba a los trabajadores que no cumplieran con sus contratos laborales con multas o cárcel, especialmente cuando se les habían dado avances136 Sin duda, la ley incrementaba el control de los ganaderos y dio paso a numerosos abusos. Pero interpretar la ley como una simple formalización de una práctica real -y creer que los avances eran un truco "inventado" por los ganaderos- es perder el punto central137 La ley constituía un esfuerzo para incrementar su poder precisamente porque los ganaderos tenían problemas para obtener y conservar la mano de obra. En lugar de ser una invención para amarrar a los trabajadores, los avances parecen haber sido el único medio que tenían los ganaderos para atraerlos al trabajo138 Como se mencionó arriba, Ospina y Salazar trataron de acabar con este "punto bien peligroso" reiteradamente139 Incluso las ofertas de pagarles más a aquellos que rechazaban los avances tradicionales fa-llaban140 De una parte, Ospina, Salazar y otros ganaderos rechazaban la práctica dado que ésta implicaba un aumento en los gastos de mano de obra y porque "pocos son los que saben cumplir y que en estos se pierde mucho dinero"141 De otra parte, también decían que "los individuos así avanzados trabajan muy poco"142 La frustración causada por la pérdida de parte del dinero que avanzaban y por las tareas sin concluir que se extendían, parece haber estado detrás de esta ley. La reinterpretación de la matrícula de ninguna manera balancea las relaciones de poder entre los ganaderos y los campesinos de Bolívar, pero sí matiza el "férreo control" de la interpretación anterior que muchos han creído cercano a absoluto143.

Asimismo, la noción de que los terratenientes más grandes eran necesariamente los más poderosos, o de que el estado era su apéndice, no considera las divisiones en el interior de la élite y la manera en que el poder operaba por medio de redes clientelistas y partidistas, que podían dejarlos con una limitada autoridad a nivel local144 Aunque el gobierno municipal de Ayapel había invitado a Ospina a volverse vecino, lo que le daba derecho a utilizar la gran sabana comunal en sus operaciones ganaderas, éste tuvo gran dificultad en lograr que le dieran acceso a su ganado a pesar de ser uno de los ganaderos más importantes de la región y el presidente del país145.

Aunque eventualmente obtuvo permiso tras un esfuerzo extendido, nunca tuvo confianza sobre estos derechos. Movido por el miedo a ser excluido de la posible privatización de estas tierras comunales, Ospina optó por desarrollar potreros privados en otro lugar de la región a pesar del costo146 Bernardo Ospina, el sobrino y yerno que manejaba varias de sus fincas en la década de 1920, también se quejaba de que los oficiales locales y departamentales ignoraban sus sugerencias y eran reacios a ayudarle a presionar a los campesinos establecidos en sus fincas para que vendieran: "[T]odo esto sería arreglable si las autoridades fueran suficientemente activas y prestaran un apoyo pronto y eficaz, pero sucede muy de otra manera"147 Aunque eran parte de uno de los escalones de poder más altos del país, a nivel local los Ospina continuaban siendo forasteros sin redes bien establecidas por medio de las cuales ejercer su influencia. Por supuesto, otras élites terratenientes sí eran influyentes. Bernardo Ospina también se quejaba de cómo aquellos en el poder ignoraban la ley para beneficiarse "a costa de las gentes honradas que trabajan"148 El punto que quiero hacer aquí es que quien ejerce el poder y cómo lo hace no son tan evidentes como se supone a veces. Pero dado que se ha asumido con tanta frecuencia que los ganaderos eran "acusadores, jueces, jurados y agentes de la ley" al mismo tiempo, ha habido un esfuerzo relativamente pequeño por examinar cómo ejercieron el poder en realidad149.


Conclusion

En Colombia el auge de la ganadería y su presión hacia los bosques de tierra caliente comenzó alrededor de 1850. Para 1950, cuando se cree generalmente que el ganado empezó a jugar un papel importante en la deforestación tropical en América Latina, los ganaderos y campesinos ya habían convertido millones de hectáreas de bosques colombianos en potreros. Muchos de los árboles dieron paso al pasto pertenecían a bosques secos tropicales en lugar de selvas húmedas, los cuales serían un escenario importante del auge ganadero latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, queda claro que la incursión hacia el bosque después de 1950 no fue, en el caso de Colombia, algo nuevo. Hubo algunos elementos novedosos que ayudaron a incrementar el ritmo de la deforestación: desplazamiento por agricultura mecanizada; mayor crédito estatal; la intervención de agencias de desarrollo internacional; la mecanización de la tala de bosques y la introducción de herbicidas químicos; y el desarrollo de drogas sintéticas contra la malaria e insecticidas más efectivos como el DDT. Pero para el momento en que la "ciencia intercontinental" empezó a dejar su marca, los ganaderos llevaban más de un siglo alterando el paisaje colombiano de forma dramática.

El objetivo de prestar atención a la larga historia de convertir bosques en potreros va más allá de señalar sus profundas raíces. El reconocer el costo y esfuerzo requerido sugiere que hagamos una pausa antes de saltar a una cantidad de suposiciones persistentes sobre la ganadería en gran parte de América Latina: que incluso donde los ganaderos tuvieron que talar bosques, esencialmente disfrutaron de "pasto gratis"150; que el simple poner ganado a pastar era una manera clave de controlar el territorio; que "el culto al toro" era una fuerza motiva-dora151; o incluso que su expansión dependió en gran parte de una larga historia de despojar a otros. Aunque hay mucho de verdad en estos estereotipos, especialmente en el último, éstos también representan una imagen tergiversada de la ganadería: el pasto no era necesariamente barato; con frecuencia los bosques se interponían al uso del ganado para reclamar territorio; la rentabilidad podía ser más importante que el estatus; y el costo de la mano de obra requerida para desarrollar potreros también fue un aspecto significativo de la expansión de la ganadería. Además, ir más allá de estos estereotipos debería ayudarnos a reforzar la noción de que el poder terrateniente no era siempre claro. Y dado que una buena parte de lo que se ha escrito sobre la historia de la ganadería en América Latina ha tendido a describirla como un medio para otro fin, vale la pena enfatizar la lógica productiva y económica de la ganadería para entender mejor por qué gran parte del continente está cubierta en pasto.


Comentarios

*Este artículo es una versión recortada de "Pasture, proft, and power: An environmental history of cattle ranching in Colombia", Geoforum (2008) (doi:10.1016/j.geoforum.2008.09.012). Esta investigación fue financiada por el Simpson Memorial Research Fellowship (University of California, Berkeley), una beca Fulbright y Colciencias. Traducción de Catalina Muñoz.

1 Archivo de Pedro Nel Ospina y Compañía (PNOyC, en la Fundación Antioqueña de Estudios Sociales o FAES, Medellín), [carpeta:] 160, f. 461.

2 PNOyC, [carpeta:] Correspondencia Recibida [CR] 1912-1916, Mayo 21, 1912.

3 PNOyC, 200, f. 84.

4 PNOyC, 160, f. 386.

5 PNOyC, CR 1915-1916, Febrero 8, 1916.

6 PNOyC, 210, f. 189.

7 PNOyC, 180, f. 135.

8 Dimas Badel, Diccionario Histórico-Geográfico de Bolívar (Bogotá: Gobernación de Bolívar, Instituto Internacional de Estudios del Caribe, Carlos Valencia Editores, 1999 [1943]), 507.

9 Susanna Hecht, "The logic of livestock and deforestation in Amazonia", BioScience 43:10 (1993): 691.

10 James Parsons, "Del bosque a pastizal: desarrollo o destruccion", en Las Regiones Tropicales Americanas: Visión Geográfca de James J. Parsons, ed. Joaquin Molano (Bogotá: Fondo FEN, 1992), 371.

11 David Kaimowitz, Livestock and Deforestation. Central America in the 1980s and 1990s: A Policy Perspective (Jakarta: Center for International Forestry Research, 1996), 12.

12 FAOSTAT, "Data Archives - Production - Live Animals", http://faostat.fao.org/site/409/default.aspx, recuperado el 8 de agosto de 2008.

13 R.A. Houghton, D.S. Lefkowitz, y D.L. Skole, "Changes in the landscape of Latin America between 1850 and 1985: I. Progressive loss of forest", Forest Ecology and Management 38 (1991): 150.

14 Richard Tucker, Insatiable Appetite: The United States and the Ecological Degradation of the Tropical World (Berkeley: University of California Press, 2000), 341.

15 Richard Tucker, Insatiable Appetite, 323.

16 Richard Tucker, Insatiable Appetite, 303.

17 Richard Tucker, Insatiable Appetite, 300 y 304.

18 Douglass Shane, Hoofprints on the Forest (Philadelphia: Institute for the Study of Human Issues, 1986), 31.

19 Elinor Melville, A Plague of Sheep: Environmental Consequences of the Conquest of Mexico (Cambridge: Cambridge University Press, 1994); Andrew Sluyter, Colonialism and Landscape: Postcolonial Theory and Applications (Lanham, MD: Rowman & Littlefeld, 2002); Lucina Hernández, Historia Ambiental de la Ganadería en México (Xalapa: Instituto de Ecología, 2001); y Robert Wilcox, "Cattle and environment in the Pantanal of Mato Grosso, Brazil, 1870-1970", Agricultural History 66:2 (1992).

20 Marc Edelman, The Logic of the Latifundio: The Large Estates of Northwestern Costa Rica since the Late Nineteenth Century (Stanford: Stanford University Press, 1992); B. LeRoy Gordon, "Human Geography and Ecology in the Sinú Country of Colombia", Ibero-Americana 39 (1957); James Parsons, "Spread of African pasture grasses to the American tropics", Journal of Range Management 25 (1972); y Warren Dean, With Broadax and Firebrand: The Destruction of the Brazilian Atlantic Forest (Berkeley: University of California Press, 1995). También ver Daniel Janzen, "Dry Tropical Forests: The Most Endangered Major Tropical Ecosystem", en Washington Biodiversity, ed. E. O. Wilson (Washington DC: National Academy Press, 1988).

21 Warren Dean, With Broadax.

22 James Parsons, The Spread.

23 Richard Insatiable Appetite, 287. Ver también James Parsons, Del bosque.

24 Marc Edelman, The Logic y Carolyn Hall, "The Tuis archives: cattle ranching on the frontier of colonization in Costa Rica, 1873–1876", Revista Geográfca 86-87 (1977).

25 Lucina Hernández, Historia Ambiental.

26 Jeremy Rifkin, Beyond Beef: The Rise and Fall of the Cattle Culture (Nueva York: Plume, 1993), 49.

27 Mi estimativo -que es sólo una conjetura aproximada- está basado en datos de los siguientes textos: Agustín Codazzi y Camilo Domínguez, Obras Completas de la Comisión Corográfca: Geografía Física y Política de la Confederación Granadina (Bogotá: COAMA, Unión Europea, Fondo José Celestino Mutis, Fen-Colombia, Instituto Geográfco Agustín Codazzi, 1996); Enrique Marco Dorta, "Cartagena de Indias: riquezas ganaderas y problemas", en Tercer Congreso Hispanoamericano de Historia (Cartagena: Talleres Gráfcas Mogollon, 1962); y Adelaida Sourdis, "Estructura de la ganadería en el caribe colombiano durante el siglo XVIII", Huellas 47-48 (1996).

28 Shawn Van Ausdal, "Un mosaico cambiante: notas sobre una geografía histórica de la ganadería en Colombia, 1850–1950", en El Poder de la Carne, ed. A. Flórez (Bogotá: Universidad Javeriana, 2008).

29 Jorge Hernández y Heliodoro Sánchez, "Sabanas de Colombia", en Sabanas Naturales de Colombia, ed. Jorge Hernández (Bogotá: Banco de Occidente, 1994); Guillermo Sarmiento, "Sabanas naturales: génesis y ecología", en Sabanas Naturales de Colombia, ed. Jorge Hernández (Bogotá: Banco de Occidente, 1994).

30 Frank Saford y Marco Palacios, Colombia: Fragmented Land, Divided Society (Nueva York: Oxford University Press, 2002).

31 Salvador Camacho Roldán, Notas de Viaje; Frank Saford, Commerce and Enterprise in Central Colombia 1821–1870 (Tesis PhD, Columbia University, 1966); y Luis Eduardo Nieto Arteta, Economía y Cultura en la Historia de Colombia (Bogotá: Banco de la República. Ancora Editores 1996 [1941]).

32 José Antonio Ocampo, Colombia y la Economía Mundial, 1830–1910 (México: Siglo XXI Editores, 1984).

33 Frank Saford y Marco Palacios, Colombia.

34 Luis Ospina Vásquez, Industria y Protección en Colombia, 1810–1930 (Medellín: Oveja Negra, 1974 [1955]), 533.

35 José Manuel Restrepo, "Ensayo sobre la geografía", en Semanario del Nuevo Reino de Granada, ed. F. J. de Caldas (Bogotá: Editorial Minerva, 1942 [1809]), 253.

36 Francisco José Visadias y Andrés Pardo, "Plan fiscal y económico para la Provincia de Antioquia (1782)", Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 9 (1979).

37 Juan Carlos Vélez, Los Pueblos Allende el Río Cauca: la Formación del Suroeste y la Cohesión del Espacio en Antioquia, 1830–1875 (Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, 2002), 51; y Roger Brew, El Desarrollo Económico de Antioquia desde la Independencia hasta 1920 (Medellín: Clío, Editorial Universidad de Antioquia, 2000).

38 Juan Carlos Vélez, Los Pueblos Allende, 91 y Roger Brew, Desarrollo Económico.

39 Diego Monsalve, Colombia Cafetera (Barcelona: Artes gráficas, 1927).

40 Medardo Rivas, Los Trabajadores de Tierra Caliente (Bogotá: Editorial Incunables, 1983 [1899]), 8.

41 Medardo Rivas, Los Trabajadores, 210.

42 Medardo Rivas, Los Trabajadores, 210-211.

43 Medardo Rivas, Los Trabajadores, 87.

44 G.T. Mollien, Viaje por la República de Colombia en 1823 (Bogotá: Banco de la República, 1992), 65.

45 Luis Strifer, El Alto Sinú. Historia del Primer Establecimiento para Extracción de Oro en 1844 (Cereté: Lino Editores Sinú, 1980).

46 Luis Strifer, Alto Sinú; Luis Strifer, El Río San Jorge (Barranquilla: Gobernación del Atlántico, 1995 [1886]); LeRoy Gordon, Human Geography; Archivo de Orlando Fals Borda (OFB en el Banco de la República, Montería), [carpeta:] Notario de Sincelejo.

47 Luis Strifer, San Jorge, 93.

48 Luis Strifer, San Jorge, 103.

49 Contraloría General de la República, Geografía Económica de Colombia: Bolívar (Bogotá: Imprenta Nacional, 1942), 299.

50 B. LeRoy Gordon, Human Geography, 62.

51 La Gran Antioquia incluye los actuales departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío.

52 DANE Directorio Nacional; A. Etter, C. McAlpine, K. Wilson, S. Phinn y H. Possingham, "Regional patterns of agricultural land use and deforestation in Colombia", Agriculture, Ecosystems and Environment 114 (2006); A. Viña y J. Cavelier, "Deforestation rates (1938-1988) of tropical lowland forests on the Andean foothills of Colombia", Biotropica 31:1 (1999).

53 Orlando Fals Borda, Capitalismo, Hacienda y Poblamiento: Su Desarrollo en la Costa Atlántica (Bogotá: Punta de Lanza, 1976); Salomón Kalmanovitz, "El régimen agrario durante el siglo XIX en Colombia", en Nueva Historia de Colombia, vol. 2, eds. J. Jaramillo, A. Tirado, J. O. Melo, y J. A. Bejarano. (Bogotá: Planeta, 1989); José Antonio Ocampo, Colombia y la Economía; y Catherine LeGrand, Frontier Expansion and Peasant Protest in Colombia 1850–1936 (Albuquerque: University of New Mexico Press, 1986).

54 Luis Ospina Vásquez, Industria y Protección; James Parsons, The spread; Roger Brew, Desarrollo Económico; y Gabriel Poveda, "Agricultura y ganadería antioqueñas en el siglo XIX", Revista Andi 44 (1979).

55 Salomón Kalmanovitz, El régimen y Fabio Yepes, Ganadería y transformación.

56 Medardo Rivas, Los Trabajadores, 36.

57 David Williams y Zdravko Baruch, "African grass invasions in the Americas: ecosystem consequences and the role of ecophysiology", Biological Invasions 2 (2000); C.M. D'Antonio y P.M. Vitousek, "Biological invasions by exotic grasses, the grass/ fre cycle, and global change", Annual Review of Ecological Systems 23 (1992); Bibiana Bilbao y Ernest Medina, "Nitrogen-use efciency for growth in a cultivated African grass and a native South American pasture grass", Journal of Biogeography 17:4–5 (1990); James Parsons, The Spread; y Pedro A. Sánchez y Luis E. Tergas Pasture Production in Acid Soils of the Tropics: Proceedings of a Seminar Held at CIAT, April 17–21 (Cali: CIAT, 1978).

58 Ver Remberto Burgos, El General Burgos (Bogotá: Editorial ABC, 1965), 59.

59 Medardo Rivas, Los Trabajadores, 325; PNOyC: 160, f. 459, f. 461; 170, f. 354; 200, f. 85, f. 357, f. 452; 232, f. 94.

60 Salomón Kalmanovitz, El régimen, 127.

61 Salvador Camacho Roldán, Notas de Viaje, 126 y M.T. Dawe, "Relación de un viaje por el río Magdalena, por el Departamento del Magdalena y por la Pensinsula de La Goajira (Colombia)", en Memoria del Ministro de Agricultura y Comercio al Congreso de 1917, Anexo (Bogotá: Imprenta Nacional, 1917), 75.

62 Marc Edelman, "Extensive land use and the logic of the latifundio: a case study in Guanacaste Province, Costa Rica", Human Ecology 13:2 (1985): 166; M. Edelman, The Logic, 75.

63 Ministerio de Agricultura y Comercio, Memoria del Ministro de Agricultura y Comercio al Congreso de 1918 (Bogotá: Imprenta Nacional, 1918), 40; N. Garcés, "Informe", Boletín de la Secretaria de Agricultura y Ganadería del Valle 94 (1953); y Cortes Randell, La Industria Ganadera en Colombia (Washington, DC: [?], 1953).

64 PNOyC: CR-1915-1916, (junio 12, 1916), 1923-1925, f. 234, Cáceres, f. 249, f. 362.

65 José Domingo Sierra, Estudios sobre los pastos de Antioquia. Su cultivo y su explotación racional (Medellín: Imprenta Oficial, 1916).

66 B. LeRoy Gordon, Human geography; Gabriel Poveda, Agricultura y ganadería; J. Cavelier, T.M. Aide, C. Santos, A.M. Eusse, J.M. Dupuy, The savannization; y Eloy Valenzuela, Noticia de una especie.

67 A. de Zubiría, "Informe Annual del Gobernador de la Provincia de Sincelejo", Gaceta de Bolívar 860 (1873): 93.

68 Cortes Randell, La Industria; United Nations, Livestock in Latin America (Nueva York: United Nations, 1965), 14; Roger Brew, Desarrollo Económico; Marc Edelman, The Logic; Luis Strifer, San Jorge, 103; Remberto Burgos Puche, El General, 59; Salvador Camacho Roldán, Notas de Viaje, 76; S. Kalmanovitz, E. López Enciso y B.C.A. Romero, "La producción agropecuaria colombiana, 1915–1950", Borradores de Economía 116 (1999); PNOyC, 232, f. 267. También ver Pedro Sánchez, Luis Tergas, Pasture Production.

69 Susanna Hecht, Environment, 692.

70 Susanna Hecht, "The logic of", 691.

71 Douglass Shane, Hoofprints; James Parsons, Del bosque; Daivd Kaimowitz, Livestock and Deforestation; Luis Jair Gómez, "Introducción al desarrollo histórico de la producción pecuaria en Colombia desde la conquista", Coyuntura Agropecuario 14:7 (1987).

72 Robert Williams, Export Agriculture and the Crisis in Central America (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1986), 83; Susanna Hecht, The logic of; y Liza Grandia, "How frontier ranchers become globalized capitalists: cattle enclosures in the northern Maya lowlands" (Conferencia Annual de la Asociación Americana de Geógrafos, San Francisco, 2007).

73 Susanna Hecht, Environment, 680; Robert Williams, Export Agriculture, 986; y Marc Edelman, "Rethinking the hamburger thesis: deforestation and the crisis of Central America's beef exports", en The Social Causes of Environmental Destruction in Latin America, eds. M. Painter y W. H. Durham (Ann Arbor: The University of Michigan Press, 1995).

74 Richard Tucker, Insatiable Appetite, 340.

75 Luis Jair Gómez, Introducción al desarrollo, 63; Oscar Almario, La Confguración Moderna del Valle del Cauca, Colombia, 1850–1940 (Cali: Cecan Editores, 1994), 18; y Fabio Yepes, Ganadería y transformación.

76 Ernest Feder, Violencia y Despojo: el Latifundismo en América Latina (México: Siglo XXI, 1975), 78.

77 Alejandro Reyes, Latifundio y Poder Político: la Hacienda Ganadera en Sucre (Bogotá: Editorial CINEP, 1978), 4; Catherine LeGrand, Frontier Expansion, William McGreevey, An Economic History of Colombia, 1845–1930 (Cambridge: Cambridge University Press, 1971).

78 Fabio Yepes, Ganadería y transformación, 147; Alejandro Reyes, Latifundio y Poder; y T. Lynn Smith, Colombia: Social Structure and the Process of Development (Gainesville: University of Florida Press, 1967), 132.

79 Orlando Fals Borda, Historia Doble de la Costa, v. 3 (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Banco de la República, El Áncora Editores, 2002 [1984]), 79b; Salomón Kalmanovitz, El régimen, 131; Alain de Janvry, The Agrarian Question and Reformism in Latin America (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1981), 111; Ernest Feder, Violencia y Despojo.

80 James Nations, "Terrestrial Impacts in Mexico and Central America", en Development or Destruction: The Conversion of Tropical Forest to Pasture in Latin America, eds. T.E. Downing, S.B. Hecht, H.A. Pearson y C. Garcia-Downing (Boulder: Westview Press, Boulder, 1992), 194.

81 Ernest Feder, Violencia y Despojo y Alain de Janvry, The Agrarian Question.

82 Alejandro Reyes, Latifundio y Poder, 97; Robert Williams, Export Agriculture; Liza Grandia, How frontier ranchers.

83 Susanna Hecht, Environment, 672; Douglass Shane, Hoofprints; Robert Williams, Export Agriculture; Marc Edelman, The Logic; David Kaimowitz, Livestock and Deforestation. Ver también Alain de Janvry, The Agrarian Question, 111; y Ernest Feder, Violencia y Despojo.

84 Susanna Hecht, Environment; Marc Edelman, The Logic; Liza Grandia, How frontier ranchers.

85 Marc Edelman, Rethinking, 38; Marc Edelman, The Logic; y Susanna Hecht, Environment.

86 Luis Jair Gómez, Introducción al desarrollo, 70; Luis Lorente, "La ganadería bovina en Colombia", en Problemas Agrarios Colombianos, ed. A. Machado (Bogotá: Siglo XXI), 333.

87 Robert Williams, Export Agriculture, 78.

88 Liza Grandia, How frontier ranchers; Marc Edelman, The Logic; Richard Tucker, Insatiable Appetite.

89 William McGreevey, An Economic History, 177.

90 Catherine LeGrand, Frontier Expansion; Alejandro Reyes, Latifundio y Poder; y Víctor Negrete, Origen de las Luchas Agrarias en Córdoba (Montería: Fundación del Caribe, 1981).

91 Fabio Yepes, Ganadería y transformación, 120.

92 Salomón Kalmanovitz, El régimen y Fabio Yepes, Ganadería y transformación.

93 Salomón Kalmanovitz, El régimen, 130.

94 Luis Jair Gómez, Introducción al desarrollo, 70.

95 PNOyC: 200, f452; CR-1915, Enero 15, 1915, Mayo 5, 1915; 1920–1921, Abril 9, 1920; Gloria Isabel Ocampo, "Hacienda y campesinos en el Sinú: formas de vida y formas de trabajo en 'Marta Magdalena' (1912–1954)", Museo del Oro 20 (1988).

96 PNOyC, 350, f. 743.

97 PNOyC: 210, f383; 230, f. 146; CR-1915-1916: Enero 29, 1916, Febrero 28, 1916, Junio 12, 1916.

98 PNOyC, 232, f. 294. Ver también Gloria Isabel Ocampo, La Instauración de la Ganadería en el Valle del Sinú: la Hacienda Marta Magdalena 1881–1956 (Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2007) y Gloria Isabel Ocampo, Hacienda y campesinos.

99 PNOyC, CR-1915-1936, Febrero 1, 1922.

100 PNOyC, CR-1915, Diciembre 31, 1914.

101 PNOyC: 200, f. 83, f. 452, f. 459; 210, f. 10; 230, f. 167.

102 PNOyC, CR-1915–1916: Febrero 8, 1916; Marzo 4, 1916; Junio 12, 1916.

103 PNOyC, 230, f. 80.

104 Archivo de Pedro Nel Ospina (hijo) (PNOJr., en FAES), CR Planilla-Cuba, Enero 31, 1928.

105 PNOyC, 1923-1924, f. 14, f. 234.

106 Julián Uribe Uribe, Memorias de Julián Uribe Uribe (Bogotá: Banco de la República, 1994 [1922]), 93.

107 Orlando Fals Borda, Capitalismo, 41; Liza Grandia, How frontier ranchers; Robert Williams, Export Agriculture.

108 Orlando Fals Borda, Capitalismo; Orlando Fals Borda, Historia Doble de la Costa, v. 4 (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Banco de la República, El Áncora Editores, 2002 [1986]); Robert Williams, Export Agriculture; David Kaimowitz, Livestock and Deforestation; y Liza Grandia, How frontier ranchers.

109 PNOyC, 200, f. 452.

110 Gloria Isabel Ocampo, Hacienda y campesinos y Gloria Isabel Ocampo, La Instauración. De manera similar, la Lancashire and General Investment Company pagó trabajadores para tumbar más de 22.000 hectáreas de tierra entre la década de 1920 y la de 1940 (Public Records Ofce [PRO, en Londres], Foreign Ofce [FO], 371.38071, Colombia 1944, "Land development in Colombia", Diciembre 2, 1944).

111 PNOyC, 170, f354; Cáceres, f182.

112 Luis Strifer, Alto Sinú, 103. Ver también Anon, "Solicitudes sobre ajudicación de porciones de tierras baldías", Registro de Bolívar 669 (1889): 339.

113 Robert Williams, Export Agriculture, 121, 158-159.

114 Catherine LeGrand, Frontier Expansion, 40.

115 Archivo del General Pedro Nel Ospina (GPNO, en FAES), carpeta 95, f. 79, "Memorandum sobre las propiedades de Pedro Nel Ospina & Cía"; A. Izquierdo, "Fuente de riqueza", Revista Agricultura del Cauca 1:1 (1918), 17; y P.L. Bell, "Cattle Raising Leading Industry in Bolivar, Colombia", Commerce Reports 3 (1919).

116 PNOyC, 1917-1936, Febrero 1, 1922, "Memorandum de las fincas de Cáceres".

117 Catherine LeGrand, Frontier Expansion.

118 PNOyC, 1925, Mayo 30, 1925, "Comisión investigadora".

119 Susanna Hecht, Environment.

120 National Archives and Record Administration (NARA en Washington, DC), Record Group (RG) 166, 1942-1945, Colombia, "Cattle Raising and Related Industries in the Department of Bolívar, Colombia", R.K. Oakley, Julio 31, 1944, f. 29 (después: Oakley, Cattle raising); Marc Edelman, The Logic.

121 En su orden: J.D. Powles, New Granada, 24; PRO, FO: 368.177, Colombia 1908, "Report of Agriculture in Colombia for the year 1907", Abril 6, 1908; PRO, FO: 368.21, Colombia 1909, "Agriculture in Colombia", Marzo 3, 1909; V. Levine, Colombia: Physical Features, Natural Resources, Means of Communication, Manufactures and Industrial Development (Nueva York: D. Appleton & Co., 1914), 110; Rafael Ospina Pérez, "La actual crisis mundial ganadera y su influencia sobre la ganadería antioqueña", Boletín Agrícola 8 (1918), 286; Archivo de Carlos E. Restrepo [Universidad de Antioquia, Medellín], Correspondencia Recibida, 52-2, Doc. 110–161, f201–290, Ronaldo Gaumont a Carlos E. Restrepo, Diciembre 29, 1920; P.L. Bell, Cattle Raising, 142.

122 Eduardo Posada Carbó, El Caribe Colombiano: Una Historia Regional, 1870– 1950 (Bogotá: Banco de la República, Ancora Editores, 1998), 155-156.

123 Citado en Salomón Kalmanovitz, El régimen, 128. Las itálicas son mías.

124 PNOyC: CR-1915, Mayo 21, 1915; 200, f. 47; 230, f. 168.

125 Gloria Isabel Ocampo, La Instauración, 36.

126 Oakley, Cattle raising, 27.

127 Oakley, Cattle raising, 29.

128 Oakley, Cattle raising, 26.

129 Ver también Susanna Hecht, The Logic of.

130 Pablo García, "Fiebre de Texas", Revista Agrícola: Organo del Ministerio de Agricultura y Comercio 1:6 (1915) y Jorge Orlando Melo, "Las vicisitudes del modelo liberal (1850–1899)", en Historia Económica de Colombia, ed. J.A. Ocampo (Bogotá: Siglo Ventiuno Editores, 1987), 169-170.

131 Gabriel Poveda, Agricultura y ganadería; Salomón Kalmanovitz, El régimen.

132 Alejanrdo López, "La panela", Boletín Agrícola 1:10 (1918): 420–427.

133 Shawn Van Ausdal, "When beef was king. Or why do Colombians eat so little pork?", Revista de Estudios Sociales 29 (2008); Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero, Producción Nacional: Estudio Sobre los Principales Aspectos del Desarrollo de la Producción Agropecuaria (Bogotá: Caja de Crédito Agrario Industrial y Minero, 1955); P.L. Bell, Cattle Raising.

134 Shawn Van Ausdal, When beef.

135 Víctor Negrete, Origen de las Luchas, 28; Orlando Fals Borda, Capitalismo, Hacienda, 126; y Salomón Kalmanovitz, El Desarrollo.

136 Víctor Negrete, Origen de las Luchas; AOFB, Legislación Agraria.

137 Orlando Fals Borda, Historia Doble de la Costa, vol. 1 (Bogotá: C. Valencia Editores, 1979), 112.

138 Gloria Isabel Ocampo, Hacienda y campesinos y Gloria Isabel Ocampo, La Instauración.

139 PNOyC, 200, f. 206.

140 Gloria Isabel Ocampo, Hacienda y campesinos.

141 PNOyC, 1920–1921, Agosto 9, 1920; y Gloria Isabel Ocampo, Hacienda y campesinos, 121.

142 Gloria Isabel Ocampo, Hacienda y campesinos, 122; y PNOyC, 232, f. 294.

143 Fabio Yepes, Ganadería y transformación, 151.

144 Mary Roldán, Blood and Fire: La Violencia in Antioquia, Colombia, 1946–1953 (Durham: Duke University Press, 2002) y Michael Jiménez, "At the banquet of civilization: the limits of planter hegemony in early-twentieth-century Colombia", en Cofee, Society, and Power in Latin America, eds. W. Roseberry, L. Gudmundson y M. Samper Kutschbach (Baltimore: The Johns Hopkins University Press, 1995).

145 PNOyC, Cáceres, f. 34-35.

146 PNOyC: 1919-1925, Abril 27, 1920; Cáceres, f183; 350, f. 276.

147 PNOyC, Cáceres, f. 183.

148 PNOyC, Cáceres, f. 362.

149 Ernest Feder, Violencia y Despojo, 156.

150 Jeremy Rifkín, Beyond Beef, 199.

151 Douglass Shane, Hoofprints, 9.